Hoy en Historias que te Solucionan Quedar Bien un Día de Vinos: La Gilda.

Para el que no lo sepa, la gilda es el pintxo por excelencia en Euskadi y se monta en un palillo. Y al menos con una historia curiosa, que está bien tener en el bolsillo, para pisarle cualquier batalla al novio de tu ex en un día de vinos.

La historia empieza en Olite, un pueblo de vinos a unos 40 km de Pamplona. Desde allí se trasladó el señor Blas de Vallés, (no digas el nombre cuando cuentes la historia, parecerá que te lo estás aprendiendo de memoria y no es sabiduría innata). Este señor, que era un bodeguero y vinatero, (nunca he sabido que es un vinatero pero tiene que ser como un semidiós de todos nosotros), se trasladó a Donosti en 1942 a montar una tienda de venta de vinos, porque en Olite, el precio estaba tirado y todo el mundo sabe que en Donosti se maneja viruta. Se pilló un local en la Calle Reyes Católicos y comenzó a traer el vino de Olite y a emborrachar por un buen precio a los Guiputxis. El señor, que era buen negociante, vendía vino por vasos, tinaja o camiones cisterna. Haciendo así un bien incalculable por la sociedad Donostiarra, y el mundo en general.

Su local estaba, y está, al lado del la Estación del Norte, y poco a poco se hizo con toda la clientela de maleteros que esperaban en el bar con un bocadillo y un vaso de vino. El bocadillo pasó a ser una cazuela y empezó a ir la gente del barrio y a crear lo que se conoce como un bar con todo lo que tiene que tener. Incluso cuentan que tenía baño de señoras.

Con el tiempo, el señor Blas, comenzó a importar encurtidos y a poner unas aceitunas con el vino, que algunos días eran guindillas y anchoas. Un habitual del local, Joaquín Aramburu, más conocido en el barrio como Txepetxa obró el milagro (no te aprendas esto que sonará pedante, yo me lo he sacado de Google). Pues eso, que el tal Txepetxa, que ya de por sí tiene nombre de SemiDios Vasco.Y como a los dioses se les conoce mas por sus actos que por lo que dicen, este obró el milagro y ensarto en un palillo, una aceituna, una guindilla y una anchoa. Y se abrieron los mares, callaron las gaviotas y entonces la luz iluminó el sagrado templo. He aquí La Gilda, la base de un vino en un bar vasco y el pilar básico de la sociedad vasca de hoy. Y como tal hecho necesita de un nombre de ese nivel, corría el 1946, año que se estreno “Gilda” la película de la semidiosa Rita Hayworth, y como el milagro era verde, picante y salado, tomó este nombre en honor a Rita, convirtiéndola así en la Madre de la Creación.

A día de hoy, el bar Casa Vallés, ha celebrado sus 65 aniversario abierto. Siguen a los mandos la cuarta generación del Blas Vallés, pero sobre todo, sigue todo el mundo adorando su Gilda. Y de estas hay muchos tipos y cambios, y eso es bueno.

Nosotros diremos que la versión que más nos encanta, es la que tiene por este orden. Cebolla, boquerón en vinagre, pimiento rojo, anchoa en salazón, guindilla, y aceituna (sin hueso o muerte) que lo riegas con aceite bueno, del caro para saber diferenciarlo sin líos.

Y aquí dejamos unos cuantos pasos, para la madre de las gildas. Digamos que esta combinación del milagro, nace de un complejo proceso creativo y culinario, basado en la máxima “DON’T INNOVATE, DUPLICATE”

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